Sonetos

Nota: Esta entrada fue publicada el 20 dic de 2014 @ 14:04 en un blog que tenía anteriormente en Wordpress, y republicada aquí para el record.


El soneto es mi forma poética preferida, creo que es una de las formas más elegantes en las que se pueden componer unos versos. No es sólo el ritmo lo que me gusta de ellos, sino la forma en que se distribuye el tema poético a lo largo de este: los dos cuartetos iniciales presentan el tema y lo desarrollan, y los dos tercetos finales presentan una reflexión de este, cada vez más profunda, logrando una gran emoción que no cualquier estructura poética puede causar.

Aquí dejo dos sonetos que escribí hace algún tiempo.

Guiños de largas pestañas

Era una dama a unos ojos pegada,
era un bosque de negros matorrales,
tan negros y frondosos, inmortales,
cortados por la hoz de la ojeada.

Una joya con recelo labrada
con anillos de cobrizos metales.
Custodios los lustrosos ventanales
de una fugaz y efímera mirada.

Cultivan las praderas de renombre
el centelleo que del vano fluye,
mortal como el impacto de un hachazo;

la lenta luz que en guiños se escabulle
basta fuera para dejar a un hombre
cegado por el lustre de un vistazo.

Recuerdos nocheriegos

Este soneto valga ser escrito
a la dama de los ojos brillantes
que en la mente, cada ciertos instantes,
su imagen y belleza resucito.

Sé bien que estos recuerdos que visito
no son sino realidades distantes;
y aunque sé no volverán tan fragantes,
un sorbo de nostalgia me permito.

No es raro en los olvidos que me alarme
esa alusión, suspiros me provoca.
Si piérdome en recuerdos nocheriegos,

no lloro la memoria que la evoca
aunque tenga el efecto de abrasarme
en el más diminuto de los fuegos.